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(By Bartoli)

 

Tomb Raider

Jaqueline Natla

 

Acto I: Primeros Años

Hace miles de años…

Klira gritaba de dolor. El parto estaba siendo más complicado de lo que la comadrona había esperado, pero seguía creyendo que saldría bien. Ya se veía la cabeza de la criatura, y su ayudante estaba intentando tranquilizar a la madre. Esta se esforzó todo lo que pudo y empujo más, mientras seguía gritando.

Finalmente, la cabeza salió lo suficiente como para que la comadrona pudiera agarrarla y ayudar a la niña a salir. Por fin logró sacarla. Le dio dos golpecitos, y empezó a llorar: estaba perfectamente. Se la acercó a la madre, que respiraba agitada. Esta acarició la cabeza de la niña, mientras murmuraba:

-Natla"mi pequeña Natla"

Aquellos eran los primeros momentos de la vida de Jacqueline Natla.

***

Natla creció entre comodidades, gente importante, y, sobre todo, lo que más le gustaba: los libros. Era un niña ávida de conocimientos, que no podía estar un día sin leer.

Su madre, Klira, esposa del dios-soberano de la Atlántida y dueño del Sción Adlhos, crió a su hija con gran mimo pero sin descuidar la educación de la que en el futuro debía ser una de las personas que reinasen en la Atlántida. Su hermano mayor, Qualopec, fue su tutor personal. Le enseñaba cosas tales como la geografía de la isla, sus ciudades, su arquitectura, matemáticas...Cuando alcanzo cierta edad, empezaron a tratar temas mucho más importantes, como la ética, el abuso de poder y demás cosas que un rey (o reina) debía conocer. Sin que nadie lo supiera, en una de estas clases, cuando Natla tenía 150 años(el equivalente a 15 años en un humano normal en cuanto a apariencia física), la futura soberana descubrió algo que hizo que dejara de interesarle la ética o las matemáticas: las Pirámides Atlantes…y su inmenso poder.

Natla descubrió los enormes ejércitos de criaturas que allí se creaban, las fuentes de energía de su interior y, sobre todo, los poderes ocultos del Sción. Esto último lo descubrió espiando a su padre, Adlhos. Un día entró sigilosamente en la Pirámide Real, y fue hasta el balcón del trono. Allí estaba sentado su progenitor, situado enfrente de un pedestal en el que el Sción giraba en todas direcciones lentamente. Natla reprimió un grito cuando vio que el trono vibraba y a su padre le salían alas y sus uñas se afilaban de una manera increíble. Además, su piel se volvió roja, y unas líneas brillantes aparecieron en el lugar de sus venas. Entonces se levantó, se acercó al borde del balcón, desde el que se podía ver todo el interior de la Pirámide, y empezó a gritar en una lengua que Natla no entendía. Seguidamente, oyó cientos de respuestas que, aunque tampoco entendió, si supo de quién provenían: las emitían el ejército de criaturas. Permaneciendo un rato más escondida allí, descubrió que hacía su padre: daba órdenes a las criaturas. Al poco, aparecieron allí varias de ellas, y Adlhos les habló. Luego se marcharon. Poco después, Adlhos volvió a sentarse, recobró su apariencia habitual, cogió el Sción y se fue. Estos hechos traumaron a Natla. Ver a su padre con esa apariencia antinatural, y como se parecía más a un monstruo que a una persona la marcaron. Esto provocaría más tarde un desenlace fatal.

A partir de aquel día, las Pirámides le obsesionaron: averiguó que en ellas se podía crear un ejército inmenso de monstruosas bestias, y que con el poder del Sción se podía controlarlas. Con ansias de conocimientos, no paraba de buscar información. Cada día se preguntaba si este artefacto tendría algún otro poder, y se pasaba horas devorando libros que había cogido a escondidas de la biblioteca de su hermano Qualopec.

 

Acto II: La Séptima Edad

 

Seis años después de descubrir los poderes del Sción y de la Pirámide Real, Natla ya era toda una experta en los secretos de estos. Resultó bastante irónico cuando Qualopec comenzó a instruirla en ellos, ya que probablemente ella supiera más que él del tema.

Pero, al mismo tiempo, empezó a enseñarle historia, y esto, sin saberlo, acabaría teniendo trágicas consecuencias.

Según la tradición atlante, la historia del mundo estaba dividida en seis etapas: la Primera Edad, donde todo se creo en el Big Bang, o, como lo llamaban los atlantes, ``La Gran Luz´´. La Segunda Edad, cuando el mundo estaba formado por un único continente llamado Pangea y que terminó con la repentina y brutal separación y formación de los continentes, acabando con la vida que se encontraba en las franjas. La Tercera Edad, donde surgieron las primeras civilizaciones, y que finalizó una enorme y terrible guerra entre ellas que provoco miles de muertes. La Cuarta Edad, en la que surgió la civilización atlante, y que finalizó de forma fatal para ellos con la muerte de los primeros patriarcas de su pueblo y su sabiduría a manos de traidores. La Quinta Edad, que terminó con una sangrienta guerra civil en la Atlántida. Y, finalmente, la Sexta Edad, en la que se encontraban ahora.

Su locura aumentaba con cada clase, y con cada nuevo libro que leía de la biblioteca de Qualopec. Básicamente, lo único que había en los libros era información sobre los hechos que provocaron los cambios de Edad. Los personajes famosos, conocidos y respetados de la civilización atlante habían estado en aquellos momentos y pasaron a la historia como héroes y figuras a seguir. Y Natla quería de ser una de esas figuras… Pero su locura no quedo ahí. Cada vez veía a la gente de su alrededor como gente vulgar, que no valía nada y sin ambición. Se volvió fría y adusta con los demás. Únicamente trataba igual que antes a su madre Klira (la única persona a la que quería) y a sus hermanos Qualopec y Tihocan (los consideraba sus adversarios para alcanzar la fama), además de a su padre, que para ella representaba el primer obstáculo en el largo camino hacia el poder y la gloria eterna.

Empezó a maquinar lo que ella misma llamaba ``La Séptima Edad´´: una nueva era en la civilización atlante. Destruiría a los débiles y a todo lo que interpusiera en su camino, y crearía una nueva raza a partir de las criaturas. Una raza fuerte, guerreros que la obedeciesen y que formasen la nueva civilización suprema de la Tierra. Y esta raza la recordaría por siempre como el ser más grande que había existido.

Y su primer plan era matar a su padre.

 

 

Acto III: Traición

 

Adlhos representaba para ella el obstáculo más importante (aunque más tarde descubriría que no lo era). Le asustaba el poder que ejercía sobre las criaturas, pero a la vez deseaba para si misma ese poder. La muerte del soberano de la Atlántida allanaría el camino para la Séptima Edad. ¿Pero como matarle a él, un ser todopoderoso, al que las armas normales no podían matar?

Natla se enfrascó de nuevo en la lectura, a la búsqueda del método para asesinar a su padre. Leía tranquilamente, no había prisa. Tenía la eternidad para descubrirlo.

***

Cuatro años después de intensa lectura, por fin descubrió el modo de acabar con la vida de su padre. Se enteró de que los atlantes eran capaces de materializar su energía vital mediante diferentes formas, normalmente elementos como el agua, el fuego, etc. La cantidad de energía contenida en esta materia era la única forma conocida de matar a los linajes ``inmortales´´ (incluido el linaje real) de la Atlántida, aunque lo cierto es que no los mataba, sino que los petrificaba, dejándolos vulnerables, ya que podían ser rotos con determinados objetos especiales.Estos objetos no eran un problema, ya que el báculo de la familia real servía. Sin embargo requería años de práctica y entrenamiento dominar la materialización. Natla se quedó algo decepcionada, ya que creía que por fin pondría en marcha su plan, y se desanimó. Pero en seguida volvió a su mente la Séptima Edad, y con renovadas energías comenzó las prácticas. Le llevaría más de seis décadas dominar ese poder.

***

Exactamente sesenta y siete años después, dos semanas antes de su 221º cumpleaños, Natla decidió dar por finalizadas las prácticas. Ya dominaba perfectamente la materialización. Era capaz de formar la energía (que en su caso adquiría la forma de bolas de fuego) a una velocidad de menos de un segundo, e incluso crear muchas a la vez. Su siguiente paso era averiguar que rutina seguía su padre dentro de la Pirámide, a la que ya podía entrar con tranquilidad desde que cumplió los 200 años. Su hermano Tihocan fue quién la guió la primera vez, y aunque conocía muchos de los lugares por entrar a escondidas, descubrió otros que nunca había visto que eran igualmente interesantes.

Además, también se le permitía estar en el salón del trono. Qualopec la había seguido educando para cuando tanto ellos como Tihocan ascendieran al trono. La cultura atlante exigía tres reyes, normalmente hermanos. Adlhos era el último de la anterior generación ya que, a pesar de que los atlantes son muy longevos en cuanto a edad (se sabía de algunos que habían alcanzado los tres mil años de edad) si podían morir de viejos.

Un día, Natla descubrió que, después de salir de la Pirámide y antes de volver a casa, Adlhos entraba en un bosque cercano. Salió media hora después. Decidió seguirlo al día siguiente.

Natla entró por el mismo lugar que su padre, dos minutos después que él. Tras caminar unos diez minutos, lo encontró en un claro. Estaba sentado sobre un piedra, como meditando.

``Es ahora o nunca´´ pensó Natla.

En sus manos empezó a brotar una bola de fuego que fue haciendose más grande. De repente, Adlhos se dio la vuelta y la miró. Pero ya era tarde. Natla le sonrió burlonamente.

-Adiós, papá.

La bola de fuego salió despedida hacia él, que trató inútilmente de cubrirse con las manos. Salió despedido varios metros y quedó tendido sobre la hierba, muerto.

***

No tardaron mucho en encontrar el cadáver del soberano. Al parecer, Qualopec conocía la ubicación del lugar de meditación de su padre, y fue a buscarlo. Volvió con el cadáver de su padre en brazos.

Se organizó rápidamente el más suntuoso de los funerales. El cuerpo del soberano fue colocado en un altar, y después colocado en un sarcófago. Como la energía no dejaba marcas visibles (por extraño que parezca) no se inició una investigación, ya que se pensó que Adlhos había muerto por causas naturales. Natla se entristeció al ver a su madre desconsolada, pero se dijo a si misma que era por una causa noble.

Tres días después del funeral Qualopec, Tihocan y Natla fueron coronados nuevos soberanos de la Atlántida. Qualopec tuvo que darle a Natla clases intensivas, y le enseño a dominar el poder de la Pirámide. Lo que no sabía era que las clases sobre no abusar del poder no habían tenido efecto alguno en su hermana.

***

Natla se mantuvo los siguientes años esperando pacientemente su oportunidad de golpear. Debía encontrar una forma de hacerse con el control total de la Pirámide.

Sin duda, el mayor obstáculo para su plan lo constituía Qualopec. Su hermano mayor contaba con muchos más años de experiencia y conocimientos. Por ello, debía esperar el momento más adecuado para atacar.

Pasaron diez años, veinte, cincuenta, cien…y Natla no encontraba el momento de acabar con su hermano.

Acto IV: La Batalla Final

Un día, Natla ya no pudo aguantar más. Había pasado demasiado tiempo, y no había progresado nada. Asi que tomó medidas drásticas. Se enfrentaría a su hermano.

Uso la misma táctica que con su padre. Por la noche, cuando Qualopec salió de la Pirámide, Natla lo siguió. Su hermano subió a una colina entre la ciudad y la Pirámide. Cuando Natla llegó arriba, no lo vio por ningún sitio. Entonces oyó a su espalda:

-¿Me buscabas, hermanita?

Qualopec se había dado cuenta de su presencia y la había rodeado.

-En realidad, si- respondió Natla. En menos de dos segundos, cargó una bola de fuego en sus manos y la lanzó. Con increíble agilidad, Qualopec desplegó sus alas y se elevó en el aire, evitando el ataque de Natla.

-Siempre sospeche que alguien había matado a Padre. Lo que al principio no me imagine es que hubieras sido tu.

-¿Al principio? ¿Quieres decir que alguna vez has sospechado de mi?-preguntó Natla, escéptica.

-Si. Desde hace ya un tiempo, estás siempre inquieta, y nos miras a mi y a Tihocan con ansiedad.

Natla desplegó sus alas, se elevó y se colocó a la misma altura que su hermano. Este levantó la mano y la señaló amenazadoramente.

-Pagarás con tu vida la muerte de nuestro padre.

-Ya veremos-dijo Natla. Y comenzó el combate.

Natla volvió a lanzar muchas bolas de fuego a su hermano. Este las esquivaba con gran agilidad. Entonces el mismo materializó energía, en su caso en forma de puntiagudas piedras, y las lanzó. Natla se hizo a un lado para evitar el ataque.

La batalla siguió la misma tónica durante un rato. Sin embargo, en determinado momento, los agotados contendientes se detuvieron.

-Esta claro que esto no funciona. Seguiremos asi eternamente –dijo Qualopec.

-Cierto. Creo que deberíamos pasar a otro método…

Entonces, decidió utilizar los poderes sagrados de los atlantes. Estos servían para luchar, pero ninguno era mortal. En todo caso, debilitaba al oponente.

Natla agitó las manos y de ellas salieron rayos. Qualopec los detuvo con un giro de muñeca y desaparecieron. Después, hizo algo que parecia un arañazo al aire, y tres afiladas cuchillas plateadas salieron contra Natla. Esta movió las manos y las cuchillas cayeron al suelo. Entonces, algo los detuvo.

-¡Basta!

A un lado de la colina, apareció Klira, su madre.

-¡Dejadlo ahora mismo! ¡Detened esta locura sin sentido!

-¡Madre, si no acabo con ella me destruira a mi y a Tihocan! ¡Y quién sabe cuales serán sus siguientes planes!

-¡Mis siguientes planes serán crear una nueva Atlántida, en la que habitará una raza fuerte que me obedecerá, y formará el más glorioso imperio que jamás haya existido! ¡Piénsalo, madre! ¡Tu, yo y unas pocas personas más como soberanos de una civilización cuyos habitantes seran mezclas de humanos y criaturas!

-¡He dicho que basta! ¡Parad los dos!

Qualopec iba a replicar. Natla vio su oportunidad. Su hermano estaba distraido y no tendría tiempo de contraatacar. Le lanzó una bola de fuego.

Sin embargo, su hermano fue más rápido de lo esperado y reaccionó de una forma extraña. Lanzó la energía materializada él también, pero la bola de fuego ya estaba demasiado cerca y ambas fuerzas chocaron. Hubo algo parecido a una explosión. Natla cerró los ojos, cegada. Cuando los abrió, vio una horrible escena.

Qualopec estaba tirado en el suelo, boca arriba. Sus piernas y brazos estaban totalmente dislocados. Una pierna incluso estaba doblada en una posición imposible. Aullaba de dolor. Pero eso no era lo peor.

A un lado, el cuerpo de Klira yacía inerte. Estaba cubierta de sangre. Ella no era original de la familia real, únicamente se había casado con Adlhos, por lo cual no estaba atada a la inmortalidad de los linajes nobles.

Natla se acercó a su madre. La onda expansiva la había alcanzado. Estaba muerta.

Su mente se bloqueó. La única persona a la que había querido, a la que realmente apreciaba y valoraba, la había dejado. Abrazó el cuerpo de Klira y empezó a llorar.

Y entonces llegó Tihocan.

Se acercó rápidamente a Qualopec. Los dos hablaron un par de minutos, Qualopec entre gritos y quejas. Pero Natla los ignoró.

Entonces Tihocan la atacó. Él no dominaba la materialización de la energía, asi que la atacó con los poderes sagrados. Una afilada cuchilla se le clavó a Natla en la espalda, que aulló de dolor. Se levantó, se la arrancó de la espalda y miró a su hermano. Este agitó los brazos. Entonces, el césped se comenzó a enzarzar en sus piernas, y fue ascendiendo. Estaba tan aturdida por los acontecimientos, que nisiquiera sabía como librarse de aquello.

-¡Ríndete, hermana! ¡Tu traición ha llegado a su fin!

Pero entonces se recobró. Ya era tarde para liberarse, pero su hermano no evitaría que una parte de su plan se cumpliese.

De su traje, Natla sacó el Sción. Tihocan se horrorizó.

-¡Eso debería estar en la Pirámide!

-Lo se…-murmuró Natla- La destrucción de los débiles será realizada…

Entonces, Natla mandó parte de su energía al Sción. Con este fuera de su altar, lo único que mantenía a las criaturas en la Pirámide y bajo control era el hecho de que no tuviera energía propia. Con la energía de Natla, las criaturas se dejarían llevar por sus instintos y harían lo que mejor sabían hacer: masacrar.

-¡¡¡Loca!!!-le gritó Tihocan.

Entonces Natla, agotada, se desmayó.

 

 

 Epílogo: El Futuro Incierto

 

Cuando despertó, Natla estaba en una celda de la Pirámide. No podía saber lo que sucedía fuera, pero se lo imaginaba.

La tristeza que había sentido por la muerte de su madre se había convertido en determinación, en un nuevo motivo para provocar la Séptima Edad.

Mientras, las criaturas habían acabado con casi toda la gente. De una población de más de 900.000 habitantes, solo 2.000 sobrevivieron hasta que Tihocan y Qualopec recobraron el control sobre las criaturas. Este último tuvo que ser introducido en una máquina, ya que había quedado inválido por la explosión y no podía mover las piernas ni los brazos.

Qualopec ya no podía ejercer ningún poder, y Tihocan no dominaba la materialización de la energía, así que no pudieron ejecutar a Natla. En lugar de ello, la aprisionaron en un enorme conjunto de bloques de diamantes. Tras esto, usaron sus poderes para hundir la Atlántida, ya que no querían que sus vestigios cayesen en las manos equivocadas, y partieron con los supervivientes, Qualopec hacia el oeste y Tihocan hacia el este. Tihocan cogió el fragmento del Sción de Natla, y la ocultó en un recondito templo egipcio, por el que pasó en su búsqueda de un nuevo lugar para establecerse, que encontró en Grecia. Qualopec llegó a América, dónde se convirtió en el líder de los incas supervivientes de la conquista española.

En 1945, la primera prueba de la bomba atómica liberó a Natla, que por los caprichos del destino había ido a parar al desierto de Nuevo México. Aprovechó la simplicidad que para ella suponía la tecnología humana para hacerse rica. Gracias a esto accedió a los medios necesarios para encontrar los restos de la Atlántida, y los fragmentos del Sción. Contrató a una arqueóloga llamada Lara Croft para recuperar los fragmentos, ya que el padre de esta había trabajado para ella años antes, pero había descubierto sus propósitos y lo había dejado. Lara también descubrió su propósito, y la detuvo, sepultándola en una isla vestigio de la Atlántida. Sin embargo, Natla logró escapar, de una manera aún desconocida. Permaneció encerrada en una prisión de cristal, esperando la llegada de Lara. Cuando esta la encontró, ella sonrió fríamente y le dijo:

-Estoy encantada de verte otra vez, Lara…

¿Cómo logró Natla escapar de la isla? ¿Por qué esta encerrada en un cilindro de cristal? ¿Cuáles son sus propósitos? Todo esto son preguntas aún sin respuesta…

 

CONTINUARÁ…